Evolución histórica de la ciudad de Panamá: la construcción del paisaje urbano histórico y la identificación de los riesgos durante su evolución

“Por lo tanto, si consideramos que el paisaje urbano es una construcción social producto de la intervención de arquitectos, planeadores y urbanistas en un espacio determinado y consideramos los desastres como un constructo social, entonces, es posible plantear una convergencia de ambos temas en la artificialidad de las ciudades modernas”.

La presentación de este análisis sobre los factores de riesgo, la resiliencia y el paisaje urbano histórico, parte desde la visión “del planteamiento de la ciudad como un continuo espacial y temporal, en el que, hoy como ayer, van dejando su huella incontables grupos de población” (UNESCO, 2011). El eje central de este trabajo parte de la necesidad de delimitar el ámbito del paisaje urbano histórico de la ciudad de Panamá, y a partir de esto, presentar los diferentes escenarios de desarrollo y riesgo que se han planteado durante el proceso de construcción de este paisaje urbano histórico.
Según la UNESCO, los paisajes urbanos comprenden la zona urbana resultante de una estratificación histórica de valores y atributos culturales y naturales, lo que trasciende la noción de “conjunto” o “centro histórico” para abarcar el contexto urbano general y su entorno geográfico (UNESCO, 2011). Partiendo de esta noción, planteamos el proceso de conformación del paisaje urbano histórico.
Desde su fundación en 1519, la ciudad de Panamá, la primera ciudad en el Pacífico Americano, presentó condiciones que se caracterizaron por su insalubridad, limitaciones en cuanto a su emplazamiento y conectividad vía marítima y vulnerabilidad ante posibles ataques de piratas y corsarios (Juan B. Sossa, 18). A pesar de estas condiciones hostiles para el poblamiento, para 1666, la ciudad de Panamá contaba con unas mil viviendas con aproximadamente 10,000 habitantes, ocho conventos, una catedral y un hospital. Entre la fecha de su fundación,  y su destrucción por el pirata Henry Morgan en enero de 1671, la ciudad de Panamá enfrentó diversos desastres, mayormente relacionados con las condiciones precarias de las construcciones, la gran mayoría de ellas de madera (Tejeira).
De los eventos originados por amenazas de origen natural durante la existencia de esta primigenia ciudad, destaca el temblor de mayo de 1621, el cual tuvo una magnitud estimada de 6,9 grados en la escala de Richter. Entre los edificios que sufrieron desplome total fueron el cabildo, el ayuntamiento, el cuartel y su cárcel y la casa del oidor de la Real Audiencia de Panamá; otros como el Convento de la Concepción y la Iglesia de la Compañía de Jesús, sufrieron daños de consideración. Adicionalmente hubo un pequeño tsunami, relatado por un testigo y que inundó la calle que bordeaba la costa de la ciudad. Investigaciones posteriores descubrieron que el Camino de Cruces, un camino empedrado usado durante la época colonial como medio de comunicación interoceánico entre Sudamérica y España, se había desplazado tres metros de su punto original (Wikipedia).
Luego del ataque del pirata Morgan, la Corona toma la decisión, varias veces postergada, de trasladar la ciudad 8 kms al oeste, hacia el sitio de los ancones, una posición mucho más fácil de fortificar, más saludable y asentada en suelo rocoso. No obstante, persistían algunos de los problemas del emplazamiento original, como la falta de un puerto con suficiente calado y las dificultades en el abastecimiento a agua. Con la reubicación se construye un muro, que genera como consecuencia una marcada segregación de clases y etnias. Por un lado, los pobladores de la ciudad fortificada (blancos españoles) y fuera de esta ciudad, en el extramuro, el arrabal, indígenas y negros. Se crean a partir de aquí las condiciones iniciales para la precariedad y la vulnerabilidad social.

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Durante el período colonial de la nueva ciudad de Panamá (1673- 1821), la misma se vio afectada por al menos tres grandes incendios durante el siglo XVIII: el incendio de 1737, que prácticamente acabó con grande parte de los edificios públicos y el 95% de las viviendas existentes en el intramuros; el incendio de 1756, que destruyó aproximadamente la mitad de las viviendas dentro de los muros de la ciudad; y el incendio de 1781, que destruyo al menos unas 46 viviendas. Al finalizar este siglo, solo sobrevivían unas 50 casas en pie al interior de los muros de la ciudad, lo que a la postre ocasionó la expulsión de la población hacia el arrabal (el extramuro) y a que muy poco de la construcción colonial haya llegado hasta nuestros días (Tejeira).
La segunda década del s XIX está marcada por la independencia de Panamá de España y su posterior unión a la Gran Colombia (28 de noviembre de 1821). Durante este período, la característica principal de la ciudad de Panamá es su estado de abandono. La ciudad de intramuros recupera parte de su población para mediados del s XIX y el extramuro crece, para ocupar mucho de las tierras de los actuales corregimientos de Santa Ana, El Chorrillo y Calidonia, aunque siempre en condiciones insalubres.
“Para satisfacer la demanda de tierra en la ciudad (la población ya alcanzaba los 10,000 habitantes), en 1856 se permitió la demolición de parte de la muralla. Poco a poco desapareció la Puerta de Tierra, lo mismo que el foso, revellín y explanada; algunos baluartes, cortinas y segmentos del muro de la contraescarpa se usaron como cimientos para casas. Con el tiempo, toda esta zona —que en su mayoría fue adquirida por la Compañía del Ferrocarril— se urbanizó, con lo cual se diluyó la barrera entre los antiguos intra y extramuros. En 1861 se suprimieron las comunidades religiosas y se desamortizaron los bienes en manos muertas, lo cual conllevó la inserción de muchas propiedades eclesiásticas en el mercado de bienes raíces” (Tejeira).
Con la construcción del ferrocarril en la década de 1850, la ciudad de Panamá tiene un nuevo auge, que impulsa su repoblación y crecimiento urbano. Se ocupan áreas hacia el noreste y el suroeste, y se densifica el uso del antiguo intramuros. No obstante, el crecimiento sigue dándose a expensas de la ocupación de áreas pantanosas e insalubres. Los incendios siguieron afectando a las estructuras tanto en el intramuros, el arrabal y las áreas de reciente urbanización hacia el noreste de la ciudad. La ausencia de mecanismos institucionales, como un Cuerpo de Bomberos, que no llegaría a instaurarse hasta 1887, y un sistema de acueducto influyeron en la ocurrencia e impacto de estos eventos sobre la ciudad (Tejeira).
El evento natural más destructivo para este período fue el terremoto de Panamá de 1882, sismo que ocurrió a las 3:20 hora local (8:20 UTC) del 7 de septiembre de 1882. El movimiento telúrico tuvo como epicentro en el golfo de San Blas (actual Guna Yala) y su intensidad osciló entre los 7,71 y 7,92 de la escala Richter. El sismo afectó las ciudades de Panamá y Colón, donde dejó 5 muertos, además de graves daños al Ferrocarril de Panamá y al Casco Antiguo de la capital, con derrumbes parciales en la Catedral Metropolitana y el edificio del Cabildo.  Adicionalmente dejó daños significativos en las obras del Canal Francés, obligando a suspender los trabajos por un tiempo y generó un duro revés para los franceses. El cable de la Compañía de Telégrafos de la West India y Panamá, que se extendía desde Colón a las Indias Occidentales y de ahí a la Florida en los Estados Unidos, quedó destruido. La ciudad de Panamá quedó incomunicada y no se podía obtener información del mundo exterior (Wolfred, Nelson).
Otro evento que dejó entrever la vulnerabilidad de la ciudad de Panamá, fue la aparición de una epidemia de cólera en 1851, se supone que al menos unas 600 personas murieron. Lo más destacable de este evento, es que sirve para resaltar el impacto que durante la segunda mitad del s XIX, tendría la lucha contra las enfermedades y la insalubridad, y como las grandes transformaciones en cuanto al desarrollo urbano de la ciudad de Panamá estuvieron relacionadas con esta lucha (Wolfred, Nelson).
Esta sucesión de incendios, terremotos y desastres, que al mismo tiempo se conjugaron con diferentes oleadas migratorias ayudó a conformar la identidad del Centro histórico de la ciudad de Panamá, elemento que hoy ha permitido su inclusión como sitio de valor patrimonial para la humanidad por la UNESCO.
Para 1878, Armand Reclús, en su libro Exploraciones del Istmo de Panamá, señala que:
“Es muy poco lo que aún queda de aquellas casas antiguas que los españoles construyeran, copiándolas de los moros, cuyos anchos muros eran un eficaz preservativo del calor y en las que las acequias de corrientes aguas, que sin cesar se renovaban, eran causa de que siempre en los espaciosos patios se experimentara agradable fresco. Alguno que otro emprendedor extranjero, único arquitecto que en el día hay, construye, sirviéndole de modelo nuestras casernas de las barracas, y en las que procura hacer habitar el mayor número de personas posible. Se encuentran aún bastantes casas á la usanza del siglo pasado, con los bajos construidos de ladrillos, y los dos pisos restantes con madera, avanzando por todos lados unos dos metros, sin perjuicio de un ancho balcón, que tiene la ventaja de proteger al que transita por la calle de la lluvia en una estación, y de los fuertes ardores del sol en otra. Estas altas casas dan a la ciudad un carácter particular y propio, bien distinto del de las demás poblaciones de la América del Centro; cosa que fácilmente se comprende teniendo presente que en Panamá no ocurren temblores de tierra, como con tanta frecuencia se dan en ciertas partes del istmo, sobre todo en Nicaragua y San Salvador, que se hallan enclavados en un terreno donde tanto abundan los volcanes (Reclús).” http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/istmos/istmos040d.htm

La particularidad de la situación del istmo, junto a su condición de sitio de paso y precariedad en la construcción, se conjugaron para crear una ciudad cambiante, diversa y peculiar. A partir de la separación de Panamá de Colombia, y el inicio de la construcción del Canal de Panamá por los norteamericanos, se produce una bifurcación en el crecimiento urbano de la ciudad de Panamá. Con la firma de los tratados Hay Bunau Varilla, el gobierno de los Estados Unidos, se hace dueño de la concesión de las tierras y aguas necesarias para la construcción, administración y defensa del Canal de Panamá.
La ciudad queda desprovista de su puerto natural en La Boca y se cierra el paso al crecimiento hacia el oeste, a la desembocadura del entonces Río Grande (hoy entrada Pacífica al Canal de Panamá). Del mismo modo, se crea un nuevo frente de crecimiento urbano en esta nueva entidad administrativa que constituye la Zona del Canal. En términos puramente estructurales y de ocupación del espacio, esta nueva condición, derivada de las obras de construcción del Canal, generaron nuevas situaciones entre las que podemos encontrar:

  • Por un lado, la aparición de un nuevo modelo de crecimiento urbano en la ciudad de Panamá, en el área recién delimitada por la Zona del Canal. Este nuevo modelo de crecimiento, responde inicialmente a la necesidad de albergar a los obreros y establecer la estructura logística necesaria para la construcción del Canal. Una vez construida la obra, veremos como el modelo de ocupación cambia, pasando a un modelo administrativo- colonial- militar. En este proceso destacan dos elementos: por un lado la visión del desarrollo de un sistemas de poblados (townships), con amplias áreas verdes y muy bajas densidades, segregación de usos (militar y civil) y racial (todos los pobladores y trabajadores que no fuesen norteamericanos serían expulsados de esta zona); el otro elemento fundamental, es la transformación radical del paisaje natural. La construcción de estos nuevos poblados conllevó la realización de rellenos en zonas de humedales y llanuras de inundación del antiguo Río Grande y el Río Curundú.
  • La presión por ampliar la capacidad de la ciudad de Panamá para acomodar la población migrante que había llegado para la construcción del Canal de Panamá y la urgencia por ocupar nuevas tierras para permitir este nuevo crecimiento. El problema resulta mayúsculo para la recién independizada nación, al encontrarse con que la mayor parte de las tierras al este de la ciudad (dirección natural del crecimiento urbano, dadas las limitaciones que imponía la Zona del Canal), se encuentran en manos de grandes especuladores urbanos, que conocedores de las urgencias del gobierno de la ciudad, no tardan en aumentar de forma excesiva el valor de la tierra. A partir de esta condición, el crecimiento de la ciudad desde este momento se da a saltos, condicionado por los problemas del acaparamiento de tierras. El otro proceso que surge a partir de este acaparamiento de tierras y la inacción estatal, es la aparición de los asentamientos informales, los cuales se encuentran relacionados con el problema de la disponibilidad de la tierra y los altos precios de los cuartos de inquilinato, construidos para alojar a los trabajadores afroantillanos del Canal de Panamá.
  • El cambio más radical en la estructura y funcionamiento de la ciudad, corresponde tal vez, a la construcción de los sistemas de alcantarillado, agua potable y mejoras de calles, además del establecimiento de un sistema de control epidemiológico de la malaria y fiebre amarilla. Con la firma de los Tratados del Canal, el gobierno de la Zona del Canal, toma control del sistema sanitario y el derecho para construir aquellas infraestructuras necesarias para mejorar la salubridad de las ciudades terminales de Panamá y Colón. El mejoramiento de las condiciones de salubridad, permitió, junto a los flujos migratorios, consolidar el crecimiento demográfico de la ciudad de Panamá, crecimiento que permitió desarrollar una estructura de un carácter más urbano y moderno para la ciudad de Panamá.

El crecimiento posterior del núcleo urbano que se había constituido en San Felipe desde 1673, se da con la construcción de los barrios de Bella Vista y La Exposición, que fue la primera intervención del Estado en materia urbanística, desde la fundación de la ciudad (Pizzurno). Para los años 1920, se reconocían tres espacios en la geografía urbana de la ciudad: el viejo casco urbano hasta Calidonia, como asiento de obreros y del comercio; los elegantes suburbios de la Exposición y Bella Vista, lugares de residencia de la clase alta y hacia donde se trasladó parte del aparato administrativo del Estado, y la Zona del Canal, con la ciudad- jardín de Balboa, el Paseo del Prado y el sistema de poblados planificados y bases militares alrededor del Canal de Panamá (Pizzurno).

Este mecanismo de reproducción del crecimiento urbano continua, fragmentando la ciudad hacia el extrarradio.  Desde este momento, y ante la ausencia de una política que abordase el tema de la provisión de vivienda a las clases más bajas, se inicia el proceso de ‘toma de tierras’ por el cual aparecen los primeros asentamientos informales en los barrios que hoy comprenden Panamá La Vieja, Puente del Rey, Villa del Rey, Boca La Caja y Paitilla. Otras áreas que habían servido como barrios de inquilinato durante la construcción del Canal de Panamá como El Chorrillo, El Marañón, Calidonia y San Miguel continúan siendo áreas donde las condiciones de la vivienda son precarias, aún hoy en día (Rubio, 1950; Regales de Wolfschoon, J y Jaramillo, B, 1980; Uribe, 1989).

El origen de este crecimiento demográfico tan acelerado en la ciudad de Panamá se encuentra relacionado con la construcción del Canal de Panamá, fenómeno que se intensifica y afecta con mayor fuerza la estructura de las áreas pobladas del país a partir de 1940, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la bonanza producida en el país debido a los gastos militares generados para la defensa del Canal por parte del Ejército de los Estados Unidos.
Este auge económico impulsa la expulsión de población del campo a la ciudad. Es así, que según datos del Censo de Población de 1970, la provincia de Los Santos tenía 72,380 habitantes, pero 39,000 vivían en otras provincias. En 1950, de los 12,000 inmigrantes santeños, 8,400 (82%) vivían en la capital (Heckadon, 2009).

El asalto a las tierras en el área que actualmente conforma el distrito de San Miguelito, se da hacia finales de la década de 1950, “en la confluencia de la carretera Transístmica y la vía al aeropuerto, en un cerro conocido como Monte Oscuro, iniciando un proceso de ocupación espontánea y desordenada de tierra que culminaría con la creación del Distrito Especial de San Miguelito en 1970” (Uribe, 1989; Asamblea Nacional, 1970).

Es desde esta perspectiva, entonces que se aborda el problema de la definición del paisaje histórico urbano, como un proceso que parte desde el momento de la ocupación inicial del territorio por parte de los colonos españoles, y evoluciona a través de los diversos procesos de auge económico, desarrollo inmobiliario y flujos migratorios, hasta consolidar un núcleo urbano, a partir del cual se desarrolla el Área Metropolitana de Panamá.

Del análisis del proceso de conformación del paisaje histórico urbano de la ciudad de Panamá, se desprende que en términos de la ocurrencia de desastres, las amenazas han variado dependiendo en gran medida del ámbito de desarrollo y el momento histórico:

En primera instancia, tenemos una mayor vulnerabilidad relacionada tanto con condicionantes físicos y medioambientales, como antropogénicos. La antigua ciudad de Panamá, (Panamá La Vieja), se encontraba en una ubicación mal sana, con dificultades al acceso al agua, en una zona propensa a las inundaciones y azotada en un momento puntual por terremotos. Desde el punto de vista antropogénico, los incendios, debido a la precaria estructura de los edificios y el ataque de piratas y corsarios, condicionaron su existencia hasta empujarla a su reubicación y abandono.
Una vez la ciudad se traslada a su actual ubicación en el corregimiento de San Felipe, y durante todo el período colonial, la ciudad logra superar los peligros externos (ataques de piratas) al quedar completamente fortificada y al cambiar las circunstancias históricas que lo originaban. Persisten los problemas de abastecimiento de agua, además de los incendios que destruyen buena parte de las edificaciones.

Desde la independencia de España y durante el período de Unión a Colombia, la endeble infraestructura de las edificaciones y la falta de un sistema de provisión de agua, ocasionan la pérdida de población del centro histórico y su expulsión hacia el arrabal santanero. El problema de las epidemias toma mayor relevancia, especialmente con la construcción del Ferrocarril y posteriormente del canal por los franceses. Fiebre amarilla, cólera y malaria se encontraban entre las principales causas de muerte durante este período, situación que no se resolvería hasta prácticamente la finalización de la construcción del Canal por los norteamericanos, durante la segunda década del s XX. Durante este período los incendios y luego el terremoto de 1882, fueron los desastres que mayores daños ocasionaron a la ciudad.

A partir de la construcción del Canal de Panamá, el principal factor de vulnerabilidad urbana a abordar sería el problema de la vivienda precaria. Panamá entra en un período en que las preocupaciones por los ataques de enemigos externos parecen haber sido superados. Los norteamericanos realizan las inversiones y establecen los programas necesarios para mejorar las condiciones sanitarias de la ciudad y acabar con las epidemias que habían estado afectando a la población con mayor fuerza durante el siglo XIX. Ocurren algunos incendios, como el del Polvorín y se registran al menos dos sismos de importancia (en 1909 y 1914, este último de intensidad 7 en la escala de Richter). Sin embargo, estos desastres no parecen afectar de forma notable el proceso de consolidación y crecimiento de la ciudad de Panamá. A partir de este momento inicia un proceso de crecimiento urbano en el que se alterna por un lado el aprovechamiento por parte de los privados de la construcción de infraestructura por parte del Estado (ya sea de Panamá o Estados Unidos), y por el otro la ocupación o toma de tierra para la conformación de asentamientos bajo condiciones precarias de vivienda.

Las dinámicas de desarrollo económico dadas durante y posterior a la II Guerra Mundial, empujan la ocupación informal del territorio hacia tierras marginales hacia el noreste y sureste principalmente. Hacia el noreste, las laderas y colinas bajas de lo que actualmente es el distrito de San Miguelito, sitio donde ocurrió un intensivo proceso de ocupación informal en tierras proclives a sufrir de deslizamientos. Hacia el sureste, las llanuras de inundación de los ríos Río Abajo y Juan Díaz, sitio donde migraron principalmente extrabajadores afroantillanos del Canal de Panamá.
En síntesis, el proceso de construcción del paisaje histórico urbano de la ciudad de Panamá, conllevó en un período inicial, la organización del territorio para la defensa ante enemigos externos, los problemas de abastecimiento de agua, y la lucha contra las condiciones precarias de la vivienda, la insalubridad y las enfermedades. Ocasionalmente eventos como terremotos e incendios condicionaron la consolidación de un entorno urbano, afectando las dinámicas demográficas.

Con la independencia y la construcción del Canal de Panamá, se logra el saneamiento de la ciudad de Panamá y el desarrollo de la ciudad moderna. A partir de este asentamiento se generan los procesos que conllevaron de forma simultánea una transformación del entorno, (de uno insalubre y proclive a las enfermedades hacia otro higienizado y urbano), y una ocupación más intensiva del mismo (a partir de la migración, la reducción de la mortalidad y un aumento en la expectativa de vida) (Gordón, 2015). Más que riesgos, desde este momento y hasta mediados del s XX la ciudad construye vulnerabilidad y se aboca a un proceso que desemboca en la ocupación desordenada, informal y precaria de áreas marginales, propensas a inundaciones y deslizamientos.

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